- ¿Sabes hablar o no?
- Claro que sé hablar.
- Ah... bien.
- Creo que debería volver a mi habitación.
- ¿Me vas a dejar aquí sola?
- Te conoces esto mejor que yo, vete con alguna de tus amigas.
- Encima que me levanto temprano para venir a verte...
- ¿Qué?
Había madrugado sólo para venir a verme... Seguramente estaría de coña. ¿Estaba de coña no?
- ¿Querías verme?
- Sí, ¿y tú a mí?
Que si quería verla dice, si no he dejado de pensar en ella desde que la ví. Yo no sé porque me he encaprichado tanto con esta chica, mi último ligue tenía más culo... Pero es cómo si no me pudiera olvidar de ella y menos despúes de cómo me recibió la última vez... borra esa imagen tío, bórrala...
- Estoy esperando.
- ¿Qué?
- ¿Tenías ganas de verme otra vez?
¡PUES CLARO ES QUE NO LO VES!
- Bueno... no es que te conozca mucho, pero sí.
- Me alegro, toma.
Sostenía un llavero color azul celeste en forma de luna. Yo lo llevaba siempre en el bolsillo porque pensaba que me daba suerte. Me lo regaló mi tío cuando apenas tenía conciencia, pero aunque estaba algo viejo nunca me había separado de él.
- ¿Por qué lo tienes tú?
- Se te cayó cuando te equivocaste de habitación y llamaste a la mía. Al salir por la noche lo ví y pensé que era tuyo y merecías recuperarlo. ¿Es tuyo no?
- Eh... sí es mío.
- Es bonito, toma.
- Gracias, muy amable por tu parte.
- No es nada hombre, es lo menos que podía hacer por alguien que me ha visto semi desnuda y no lo ha ido contando por ahí.
Mierda, se acuerda todavía de eso. Qué mal rato... Hugo no te pongas rojo. Ni se te ocurra.
- Qué mono se pone rojo.
Mierda...
- Es que hace calor y como yo soy tan listo me he puesto un jersey de lana.
- Am... pensé que era por mí. Qué decepción.
- Ah... también por eso.
- Menos mal, pensé que no te resultaba atractiva.
- Pues claro que sí no estoy ciego.
Segunda cagada...
- Me das una buena noticia, y ya que no estás ciego puedes ver que tu amiguito se está acercando por allí.
¿Qué hace, por qué se acerca tanto? Sin darme cuenta estábamos pegados y tenía justamente su boca a dos centímetros de mi oreja.
- Ya nos veremos eh.
Fue un susurro, como si estuviéramos rodeados de cientos de personas y sólo quisiera que me enterase yo de lo que me tenía que decir. Fue tan suave... tan dulce... tan lento... pero a la vez tan raro...
- Hombre, hola Hugo pensé que tú eras de los que no madrugabas.
- Pues ya ves jaja.
- Yo me voy que ya he hecho lo que venía a hacer. Adiós Hugo.
- Eh adiós, y respecto a lo de antes, claro, cuando quieras.
Hizo una mueca parecida a una sonrisa y se fue caminando lo más sexy que una mujer lo puede hacer. Esa mueca me encantó, me... enamoró...
- Tierra llamando a Hugo, ¿me reciben?, cambio.
- Sí Alex, te recibo amigo.
- A ti te pasa algo, ¿Qué te ha hecho esa diablesa?
- Hablarme... eso ha hecho.
- ¿Hablarte? Pues no entiendo nada. Los chicos y yo hemos decidido pasar el día en la ciudad de al lado, ¿ te apuntas?
- Claro, no me fio de quedarme aquí con esa, diablesa, como tú la llamas.
- Perfecto, pues coge lo que necesites, te esperamos fuera.
- Vale, gracias.
¿Estaba soñando? ¿Por qué me parecía que estaba soñando? Me sentía raro. Como cuando estás mareado y no sabes si estás de pie o te has caído de cabeza. Pero aquella sensación... no lo sé con seguridad, pero realmente, me encantaba.
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